IA: la oportunidad ominosa
¿Aceptamos la inteligencia artificial o le tenemos miedo? En realidad, ambas cosas.
¿Aceptamos la inteligencia artificial o le tenemos miedo? En realidad, ambas cosas.
Murray Rothbard consideraba al gobierno como una entidad depredadora y criminal, y el juicio contra Microsoft de 1998 resultó ser un ejemplo clásico del crimen organizado gubernamental en acción.
La clase política americana de edad avanzada no es más que el síntoma más visible. El problema más profundo es un gobierno diseñado para transferir riqueza de los americanos más jóvenes a una casta de generaciones mayores y más adineradas.
Los «lolcows», que forman parte del mundo de las personalidades de Internet, parecerían estar muy lejos del ámbito del análisis económico. Sin embargo, gran parte de lo que ocurre puede explicarse mediante el paradigma de la economía austriaca.
La «Ley de Igualdad» de Gran Bretaña no es simplemente un proyecto de ley de derechos civiles que se ha excedido. Es, como lo habría descrito Murray Rothbard, una ley «monstruosa» que busca crear una igualdad social y económica que nunca podría existir.
Al celebrar el 250.º aniversario de la Declaración de Independencia, recordamos nombres como Jefferson y Washington. Lamentablemente, el hombre que probablemente fue el principal artífice de la independencia de esta nación, Thomas Paine, ha caído casi en el olvido.
El Estado moderno se ha convertido no solo en el guardián del orden político, sino también en el artífice de la identidad cultural. Debemos separar la cultura del Estado.
Olvídate de la equidad, la justicia y la reducción de las llamadas brechas de riqueza. El actual movimiento de «gravar a los ricos» está impulsado por una patología tácita: la envidia.
Comparar a Sanders con el fascismo puede parecer inusual, pero no hay que olvidar que los principales líderes del fascismo italiano, incluido Mussolini, fueron inicialmente socialistas antes de convertirse en fascistas.
La famosa «Última batalla de Custer», a manos de los nativos americanos que defendían sus aldeas, nos recuerda la brutalidad de la guerra de los EEUU contra los indígenas de las llanuras. La historia nos dice que el «heroico» George Armstrong Custer fue en realidad el «imprudente» Custer.